Colaboraciones
Cornelio de Saavedra, El Revolucionario  
 
 

Es bastante común en la historia argentina el mantener y repetir ideas o expresiones aceptadas a través del tiempo, a veces sin mayor sustento, que, precisamente por reiteración, al fin se convierten en verdades indiscutibles. Tal es a mi entender, el caso de don Cornelio de Saavedra, quién ha sido tachado, en contraposición a Mariano Moreno, como un conservador, palabra que asignada a los políticos fue variando su significación con el tiempo y que se ha aplicado las más de las veces, para indicar a un retrógrado o a un retardatario ideológico.

¿Es este el caso de Saavedra?. Recordemos rápidamente su participación en los acontecimientos relacionados que van desde las invasiones inglesas en adelante y el papel que jugó en el proceso que culminó en la revolución de mayo.

La primera invasión inglesa fue la que impuso a nuestro personaje, como a otros, y luego de participar en la Reconquista de Buenos Aires, la carrera militar. Habiendo Liniers expedido un decreto donde se le otorgaba nombre a los regimientos urbanos que se habían creado, el de Patricios, formado por nativos de Buenos Aires, proclamó como su primer jefe y comandante a Saavedra, quién recordaba en sus Memorias que lo hizo ante “el inminente peligro de la patria”. Por su actuación en la lucha de la defensa de Buenos Aires ante la segunda invasión inglesa, le fue conferido el grado de teniente coronel del Cuerpo de Patricios.

Cuando el 1º de enero de 1809 estalló el movimiento de peninsulares encabezado por Martín de Alzaga en contra de Liniers, quién favorecía sin dudas a un sector de comerciantes criollos y españoles de segunda línea en sus relaciones “comerciales” con los ingleses que permanentemente se presentaban en Buenos Aires para vender sus productos, Saavedra sostuvo al virrey con todas sus energías y dispersó a los revoltosos. Dice Yaben que fue Saavedra el que penetró en el fuerte encarándose con un Liniers claudicante y lo levantó de nuevo. A partir de entonces el jefe de Patricios tuvo gran gravitación y emprendió el natural camino hacia la emancipación. Sin dudas la decidida actitud salvó la gestación de la revolución de independencia y posiblemente, acortando el período de generación. Desde aquel instante personificó los deseos e ilusiones de los patriotas que deseaban que su patria se convirtiera en nación independiente.

Fue el quién negó al virrey Cisneros, el 20 de mayo, el apoyo del ejército y obligó a aquél, huérfano de apoyo militar a aceptar el cabildo abierto que inició el proceso que culminó el glorioso 25. Ese día, cuando se consagró la lista del primer gobierno patrio, el nombre de Saavedra se impuso espontáneamente para ocupar la presidencia de la Junta Provisional Gubernativa.

Debemos recordar ahora que el mote de conservador con que se recuerda peyorativamente a Saavedra proviene en gran medida, de su disputa con Mariano Moreno, joven de brillante talento y dotado de un espíritu de gran fogosidad y de quién era de esperarse que jugara un papel preponderante en el seno del gobierno.

Entre los dos se presentó una seria disidencia, que primero fue personal y luego de carácter político con respecto al papel que debían jugar los diputados del interior. La actividad de Moreno era expansiva y tendía a absorber y prevalecer por gravitación personal; el temperamento de Saavedra era reposado y pretendía llevar a cabo la revolución progresivamente, reconociendo la necesidad de la evolución de los hombres y las circunstancias. Su intempestiva exclusión del gobierno en septiembre de 1811, el triunfo de sus detractores y su retiro de la política, permitieron que se formara del revolucionario una imagen que sin duda, no coincide con su decidida actividad a favor de la independencia nacional.

Fernando Enrique Barba

         
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