Colaboraciones
En torno a las ideas monárquicas de San Martín
 
 

Se ha discutido en demasía y preguntado peyorativamente si San Martín era monárquico.Algunos juzgan en forma tajante que sí; otros, categóricamente que no.
Opinaremos, validos de su correspondencia y proclamas y basados en investigaciones de autores clásicos y modernos de aquilatados méritos, cuáles fueron las ideas políticas de San Martín sobre el mencionado problema, explicando el porqué de las mismas.
No era, tampoco, un ideólogo aprisionado dentro de su propio sistema. Se ha asegurado candorosa o maliciosamente que era sólo un militar y no un político, ignorando que, precisamente, por ser militar -y un gran militar- se le ofrecían todas las posibilidades de ser un gran político. Pocos militares tuvieron tanto conocimiento directo de los hombres, conocieron sus inquietudes y sus angustias como San Martín. Páginas hermosas del General Paz, en sus Memorias, documentan mi afirmación.
No era un político en el sentido vulgar de la palabra, es decir, no era un hombre de facción o grupo alguno, pero fue, sin duda alguna, un político realista. Sus opiniones estaban siempre relacionadas íntimamente con la realidad, que era la que dictaba su política, lo cual no significa que fuera un pragmático que se ajustaba dócilmente a las circunstancias. En ocasiones no tuvo la influencia necesaria para lograr imponer sus ideas en los círculos dirigentes de su patria, movidos muchas veces por intereses que no se conciliaban con los de la guerra. San Martín era ante todo un soldado que luchaba por la emancipación de aquélla, todo lo subordinaba a esto último y para lograrlo pensaba, muy atinadamente, que debía terminarse con la anarquía , forzando la unidad del país consolidando las instituciones. Y como veía (como lo vieron Bolívar y Sucre) que el federalismo había envuelto al país en una declarada anarquía que, según su criterio, ponía en peligro el éxito de la guerra por la liberación, denostó contra el sistema. Su aversión al federalismo no le impidió ver con claridad el carácter antiporteño del mismo y aceptar, en cierta manera, que dicha postura no dejaba de tener su fondo de razón.
Sus críticas al susodicho sistema deberán ser encuadradas dentro del panorama político del momento, tanto en el orden interno como en el internacional.
Para lograr los fines sanmartinianos era preciso un gobierno fuerte en lo interno, con capacidad de proyectarse fuera de las fronteras nacionales y de llevar la guerra al español. Tal gobierno no podía concebirse dentro de la poliarquía federal, lo cual lo llevaba, naturalmente, a ser monárquico.
Conviene señalar, en este momento que una apreciación tan ligera como maliciosa ha llevado en este asunto á conclusiones, a mi entender, desatinadas. Algunos apologistas de los caudillos han llegado al extremo de asegurar que estos últimos al defender el sistema republicano defendían la soberanía, y que los monarquistas del Congreso de Tucumán al propiciar la monarquía -en lo que influyó sin duda nuestro héroe- afectaban dicha soberanía. Ignoran, o lo aparentan, que países monárquicos han sido sabios y enérgicos defensores de sus respectivas soberanías. La historia de España, por ejemplo, lo demuestra con elocuencia, aunque muchas veces haya defendido su soberanía con más energía que acierto.
El 28 de enero de 1816 San Martín escribía a Tomás Guido, diciéndole.
?hablemos claro mi amigo creo que estamos en una verdadera anarquía, o por lo menos una cosa muy parecida a esto ¡carajo con nuestros paisanitos!, toda liberalidad, y con ella nos vamos al sepulcro. En tiempo de revolución no hay más medio para ejecutarla que el que manda diga hágase, que esto se ejecute tuerto o derecho ...?

Y refiriéndose a las teorías liberales tan en boga en el momento y sostenidas por algunos congresistas agregaba:

?.. ... estas bellezas sólo están reservadas para los pueblos que tienen cimientos sólidos, y no para los que aún no saben leer y escribir, ni gozan de la tranquilidad que da la observancia de las leyes. No hay que cansarnos, cuantos gobiernos serán despreciados y removidos ínterin los pueblos subsistan bajo tales bases.

En esto se observa que San Martín, aunque en su formación política pudiera ser monárquico convencido, en el caso concreto de nuestro país, en ese momento y por las grandes dificultades que atravesaba, lo era circunstancialmente y sólo se oponía a una mayor liberalidad mientras no se dieran las bases favorables para ello.

Fernando Enrique Barba

         
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